OMS y Covid-19: obsequiosas felicitaciones

Los héroes informadores que China silenció. Ilustración: RSF

BRUSELAS.- De la misma forma en que lo ha hecho con México, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha aplaudido al gobierno de China por lo que estima su correcta gestión del brote del coronavirus que causa el Covid-19.

Los altos funcionarios del organismo internacional con sede en Ginebra, Suiza, han expresado públicamente que las autoridades chinas tomaron las acciones pertinentes en cuanto identificaron la aparición del nuevo coronavirus en la ciudad de Wuhan.

Desde hace tiempo existen acusaciones contra China por la tardanza con la que reaccionó al brote. 

A esos señalamientos se agrega un reporte de la organización francesa Reporteros Sin Fronteras (RSF), presentado el pasado 24 de marzo, en el que muestra que el país asiático no actuó correctamente como lo asegura la OMS. 

El régimen, señala la organización gala, ocultó información temprana del virus que de haberse hecho pública y compartida con los organismos correspondientes hubiera reducido considerablemente su propagación en el planeta.

China recibió la primera felicitación de la OMS el mismo día que México, el 28 de enero. 

En México, el asesor internacional en emergencias de salud de la OMS y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Jean-Marc Gabastou, declaró en rueda de prensa que se tenía que “resaltar (que México, entonces sin casos de contagio) ha reaccionado inmediatamente de manera preventiva”. 

En Pekín, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó en una reunión con el presidente chino Xi Jinping que el organismo “apreciaba la seriedad” con la que China estaba «tomando este brote”. En concreto mencionó “el compromiso de los altos dirigentes y la transparencia que han demostrado, incluyendo el intercambio de datos y la secuencia genética del virus”.

El boletín de prensa reiteró que la delegación de la OMS “aprecia fuertemente las acciones que China ha implementado en respuesta al brote, su velocidad en identificar el virus y la apertura para compartir información con la OMS y otros países”.

James Griffiths, productor de CNN en Hong Kong, recordó en un despacho del 17 de febrero que tales halagos de la OMS fueron citados repetidamente y “durante semanas” en los medios estatales chinos.

Vendrían más palabras elogiosas de la OMS a Pekín. 

En una entrevista con la BBC de Londres el 7 de marzo, el representante de la OMS en China, Gauden Galea, insistió en defender al régimen de Jinping frente a las críticas y exhortó al público a “mirar tanto los logros que se han tenido como los costos que (en China) se han pagado”.

Algo parecido ha sucedido con México. En medio de numerosos cuestionamientos, incluso de la prensa extranjera, por la falta de medidas más estrictas y la actitud incompatible del presidente Andrés Manuel López Obrador con la gravedad de la crisis, el 21 de marzo el representante de la OMS en México, Cristian Morales, consideró en una entrevista con el diario español El País que las autoridades sanitarias mexicanas estaban “haciendo bien las cosas” y aplicando medidas «coherentes con las recomendaciones de la OMS”; cuatro días después el mismo funcionario remachó que “van en el camino correcto”.

Las consideraciones de la OMS respecto a China han resultado inverosímiles (el semanario pekinés Caixin reveló este viernes 27 que tan solo una de las siete compañías funerarias de Wuhan había entregado cinco mil urnas de personas fallecidas, el doble de la cifra oficial de muertos en esa ciudad).

Desde un enfoque de libertad de expresión y prensa, RSF investigó y publicó una cronología con los episodios de silenciamiento del gobierno chino contra quienes advertían del nuevo brote de coronavirus.

El 18 de octubre pasado, el Centro John Hopkins para la Seguridad de la Salud realizó un simulacro de pandemia de coronavirus que tuvo como resultado 65 millones de muertes en 18 meses. Pero en China nadie se enteró porque la información no pasó el filtro de la censura por internet. 

El 20 de diciembre ya había 60 pacientes hospitalizados de una neumonía desconocida y las autoridades chinas sabían que varios de ellos asistían con frecuencia al mercado de Huanan, el epicentro del brote epidémico. Pero el gobierno no consideró conveniente comunicar esta información a los medios y la gente no dejó de ir a ese popular mercado hasta que cerró el 1 de enero.

Desde el 25 de diciembre el jefe de gastroenterología del Hospital de Wuhan Número 5, Lu Xiaohong, observó casos de infección en el personal médico y desde la primera semana de enero sospechó que la enfermedad podía transmitirse entre humanos, pero no dijo nada a la prensa por temor a ser severamente sancionado por el régimen.

Así ocurrió con el grupo de 8 médicos que el 3 de enero fueron detenidos tras haber lanzado una alerta pública sobre un “coronavirus similar al SARS”. Fueron acusados de hacer circular “falsos rumores” que, de todas maneras, no fueron autorizados a circular libremente en la prensa y las redes sociales del país. Entre los denunciantes estaba el doctor Li Wenliang, quien murió después a causa del virus.

China alertó a la OMS del brote epidemiológico el 31 de diciembre, día en que obligó a la plataforma de discusión WeChat (el WhatsApp chino) a bloquear las palabras claves que se refirieran a la epidemia entre sus mil millones de usuarios.

El reporte de RSF contradice a la OMS en un punto preciso: Pekín no compartió con rapidez la secuencia genética del virus. Expone que esa información la logró obtener el 5 de enero el profesor Zhang Yongzhen en el Centro Clínico de Salud Pública de Shangai, pero que las autoridades no la hicieron pública.

China compartió la información después de que el 11 de enero —tras la primera muerte confirmada por el virus— los investigadores la filtraran en plataformas de código abierto, lo que provocó el cierre de su laboratorio.

Ya era demasiado tarde: el 13 de enero se reportó en Tailandia el primer caso de infección de coronavirus fuera de China, el de un turista de Wuhan. 

RSF señala que “si los medios internacionales hubieran tenido acceso total a la información que tenían las autoridades chinas sobre la escala de la epidemia antes del 13 de enero, es probable que la comunidad internacional hubiera evaluado la crisis y la hubiera anticipado mejor, reduciendo el riesgo de que la epidemia se propagara fuera de China y, posiblemente, evitando su transformación en una pandemia”.

RSF expone que una investigación de la Universidad de Southampton, publicada el 13 de marzo, concluyó que el número de contagiados en China podría haberse reducido 86 por ciento si las primeras medidas se hubieran tomado a principios de enero y no hasta el día 20 (una semana antes de que el jefe de la OMS felicitara al presidente chino su gestión “transparente»).

En una entrevista publicada el 8 de febrero en el periódico Washington Post, Lawrence Gostin, asistente técnico de la OMS y profesor de derecho sanitario internacional en la Universidad de Georgetown, acusó a la OMS de haber embaucado a la comunidad médica: “Fuimos engañados. Yo mismo y otros expertos en salud pública, basados en lo que la OMS y China estaban diciendo, tranquilizamos al público (advirtiendo) que esto (el coronavirus) no era serio, que podríamos poner esto bajo control”.

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