Asesinada por destapar la cloaca maltesa

La más popular reportera y bloguera de Malta, Daphne Caruana, quien reveló numerosos casos de corrupción del grupo gobernante en su patria, fue asesinada el pasado octubre con un método digno de las peores mafias: una bomba en su automóvil. Aunque la opinión más extendida en Europa es que su ejecución obedeció a que reveló una red de contrabando de gasolina de Libia al resto del continente europeo, su familia no piensa lo mismo y señala como autora del atentado a la clase política local, cuyas corruptelas ella destapó en su blog.

Bruselas.- La tarde del pasado 16 de octubre, la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia redactó el primer artículo del día de su muy seguido blog Running Commentary.

Fue en realidad un comentario burlón a la postura corporal con que aparecía en una fotografía el líder del partido de la oposición, Adrian Della, a quien en una anterior investigación Caruana acusó de tener una cuenta bancaria en la isla británica de Jersey, en la que recibía dinero de la prostitución en Londres.

“Su cuello rebasa 45 grados sus omóplatos, como una tortuga”, publicó la periodista a las 14:09 horas.

En un siguiente artículo se refirió a otro caso que ella había revelado y por el que Keith Schembri, jefe de gabinete del primer ministro maltés Joseph Muscat –cuyo esquema gubernamental de obtención de nacionalidad para extranjeros acaudalados comparaba Caruana a una red delictiva–, había tenido que rendir declaración en un tribunal.

Escribió la periodista: “El señor Schembri afirma que no es un corrupto, a pesar de que estableció una compañía offshore en Panamá junto con su ministro favorito, Konrad Mizzi (de Energía y Salud) y con la firma Egrant, sólo días después de que el Partido Laborista ganara las elecciones generales de 2013, refugiándose en un fideicomiso ultrasecreto en Nueva Zelanda para luego lanzarse a la caza de un banco turbio alrededor del mundo que los tomara como clientes”.

Caruana había reportado que la beneficiaria de esa cuenta es la esposa del primer ministro, Michelle, y que de su gestión se ocupó el despacho Mossak Fonseca, cuya filtración de sus registros a la prensa dio pie a la investigación global conocida como Panama Papers.

Según sus investigaciones, a través de Egrant Michelle recibía sobornos de Ilham Aliyev, la hija del dictador de Azerbaiyán.

En el último párrafo de ese artículo, subido a su blog a las 14:35, se lee: “Hay criminales donde quiera que miremos, la situación es desesperada”.

Veinte minutos más tarde Caruana salió de su casa en la localidad rural de de Bidnija, ubicada a media hora al norte de La Valeta, la capital isleña, y tomó su automóvil compacto de alquiler, un Peugeut 108.

Circuló algunos metros colina abajo cuando un poderoso artefacto explosivo hizo estallar el vehículo. Su hijo Matthew, miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, estaba tranquilamente sentado en una mesa cuando escuchó la detonación; las ventanas vibraron y la casa se cimbró.

“Sabía que estaba muerta antes de que me levantara de la silla”, confesó al diario británico The Guardian en su edición del 19 de octubre.

Salió corriendo y al llegar al lugar observó la carcasa del automóvil a varios metros de distancia de la ruta asfaltada. Trató de abrir la puerta del compacto aún en llamas, mientras la bocina seguía sonando. Miró entonces que había restos del cuerpo de su madre “por todas partes”.

Independencia

Daphne Caruana solía generar escándalos nacionales por sus revelaciones periodísticas sobre la corrupción de la clase política, los bancos o las casas de apuestas, y sus conexiones con el crimen organizado, el lavado de dinero y el tráfico de drogas, todo ello en un país considerado un paraíso de la evasión fiscal.

Pero lo anterior no quitó que su asesinato dejara pasmados a los líderes políticos europeos, e incluso a Washington, y causara una marea de indignación de la sociedad maltesa que se reunió frente al palacio de justicia para protestar y, por supuesto, del gremio periodístico internacional.

El 2 de noviembre pasado, ocho rotativos de alcance global, entre ellos New York Times, The Guardian y Le Monde solicitaron a la Comisión Europea seguir las investigaciones del asesinato de Caruana y que analizara la falta de independencia política de los medios malteses, ante el hecho de que Malta sea “el único país de la UE donde los partidos políticos poseen tantos medios de comunicación”.

El hecho es que Caruana, a pesar de que recibía regularmente amenazas de todo tipo, no se quejaba, confiesa la columnista del Times de Malta, Petra Caruana Dingli, una íntima amiga suya sin ninguna conexión familiar.

En una entrevista con el mencionado periódico, la columnista señaló que el hostigamiento no impidió que Daphne continuara siendo independiente. Sin embargo, reconoció que su colega era perseguida y que “en los últimos años debía incluso tener cuidado de a dónde iba”.

“No podían callarla; la única forma fue asesinándola”, comenta a Proceso Ricardo Gutiérrez, secretario ejecutivo de la Federación Europea de Periodistas (FEP).

Comenta que una semana antes de su asesinato, Caruana fue entrevistada por la psicóloga Marilyn Clark, profesora de la Universidad de Malta, como parte de un estudio sobre autocensura financiado por el Consejo de Europa y en el que participó la FEP, que la seleccionó junto con otros 24 periodistas.

Caruana fue clasificada entre el 36% de periodistas cuya forma de resistir a la presión de la censura era sumergiéndose en investigaciones más profundas y riesgosas.

Fue una periodista, afirma Gutiérrez, “que ejerció su función de contrapoder de manera total”.

Caruana fue columnista del Times of Malta, el principal diario en lengua inglesa del país, hasta que en 1996 ese medio se negó a publicarle un artículo acerca del entonces diputado Guido de Marco –quien después se convirtió en presidente y murió en 2010–, el cual sí fue publicado por otro periódico isleño.

Sin embargo, carecía de la cobertura de un medio externo. Gutiérrez explica: “Le resultaba difícil vender sus artículos en los medios malteses, por eso fundó su propio blog en 2008, el cual era más leído que los diarios (llegó a alcanzar 400,000 visitas en un sólo día) y cuyo contenido, curiosamente, era retomado por éstos, que no compraban sus investigaciones con anterioridad”.

Pero lo que a primera vista podría jugar a favor de su ideario periodístico, elevó su nivel de exposición al peligro: en su blog, “Caruana podía escribir con mucho más frecuencia y libertad, pero en cierto modo también fue su debilidad, pues a veces cometía ciertos excesos”, confesó Petra Caruana.

La pista libia

La prensa internacional ha expandido la sospecha de que Caruana pudo haber sido asesinada por investigar un contrabando de gasolina de la refinería libia de Zawyia, que era embarcada a Malta y luego distribuida a Italia, España y Francia, en una operación clandestina que arrojó beneficios por 30 millones de euros tan sólo el último año.

Esa “posibilidad” fue planteada por Carmelo Zuccaro, el fiscal de la región de Sicilia, en Italia, país que días después del asesinato de Caruana arrestó en Lampedusa –por su implicación en dicho tráfico y no por el homicidio de la periodista– a Darren Debono, un exfutbolista maltés a quien ella acusó en febrero de 2016 de ser un restaurantero y empresario pesquero “con muchos negocios en Libia”.

En esa época Caruana denunció que había recibido un correo amenazante de un familiar de Debono molesto por uno de sus trabajos periodísticos anteriores en relación a las actividades de la familia.

Además, según los investigadores italianos, esa red de traficantes de combustible mantiene vínculos con la familia mafiosa siciliana Santapaola, a la que se culpa del asesinato en 1984 del periodista de la misma región, Giuseppe Fava.

Pero la familia de Daphne Caruana no cree en tal línea de investigación.

“La única hipótesis creíble es que alguien está interesado en empujar la teoría de que el asesinato de Daphne Caruana está ligado al tráfico de combustible de Libia. Quien investigó sobre ese tráfico fue la periodista del Washington Post, Ann Marlowe, y ella no fue asesinada por un auto-bomba. Ella sigue viva”, comentó a Proceso un familiar de la periodista que pidió el anonimato

Para los Caruana, los responsables se encuentran entre la clase política. En una declaración pública divulgada el 19 de octubre, Matthew Caruana exigió la renuncia del primer ministro. “No puede haber justicia sin un cambio”, expuso el familiar consultado, y agregó: “Sólo habrá justicia cuando la actual situación desesperada que atraviesa Malta sea reemplazada por instituciones democráticas fuertes y efectivas, rendición de cuentas políticas, integridad de la vida pública, y una sociedad libre y abierta”.

En 1996, la puerta de la casa de la periodista fue quemada. Poco tiempo después su perro fue degollado y tendido en la entrada de su vivienda. Años más tarde, el carro de su vecino, semejante al de Caruana, fue incendiado, y en 2006 fueron arrojadas llantas ardiendo y llenas de gasolina en dirección a su casa cuando todo mundo dormía dentro, a las dos de la madrugada. Por suerte uno de sus hijos iba llegando y pudo alertarlos.

Nadie fue juzgado por esos hechos. “Daphne solía decir que la forma en que la justicia debía protegerla era persiguiendo a las personas que representaran un peligro para ella”, narra su familiar, quien culpa a los sucesivos gobiernos de su país de haber creado un ambiente “en el que aquellos que hablan –como Daphne Caruana– son las últimas líneas de defensa contra las fuerzas delictivas y las instituciones ineficaces”.

Caruana estaba totalmente expuesta. “Cuando algo pasaba, la sociedad maltesa se desentendía y prefería decir: ‘vamos a dejar que responda Daphne, colocándola así en el centro del debate público'”, añade Petra.

Mensaje terrorista

La periodista por desahogar 47 casos de difamación en su contra, y ya había atendido 25 o 30 casos más a lo largo de su carrera, lo que además suponía una merma importante en sus finanzas, ya que por cada acusación tenía que pagar 900 euros sólo por impugnarla.

El familiar contactado narra que el número y frecuencia de los casos más recientes, incluyendo las 19 denuncias por un solo texto presentadas por un empresario cercano al gobierno, tenían claramente la consigna de consumir tiempo y causarle un daño financiero “para meterle presión”.

Cuatro denuncias más fueron interpuestas por el ministro de Economía, Christian Cardona, y su asesor Joseph Gerada; ambos visitaron un burdel, el FKK Acapulco en Alemania, lo que fue revelado por ella en enero pasado. El ministro ordenó congelar la cuenta bancaria de Daphne Caruana, que murió sin haberla recuperado.

La misma fuente lamentó que ni Cardona ni su asesor se presentaran a la audiencia del 23 de octubre último, a la que, sin embargo, asistió el primer ministro y su guardaespaldas, como un modo de “intimidación directa del gobierno” contra la periodista, acusa.

Peor aún: apenas en mayo pasado, Caruana divulgó una serie de correos electrónicos entre Christian Kalin –presidente de la firma de asesoría de programas gubernamentales de visado y residencia de extranjeros adinerados, Henley & Partners, basada en el paraíso fiscal de Jersey–; el primer ministro maltés; su jefe de gabinete, Keith Schembri; su ministro de Justicia, Owen Bonicci, y el responsable de la agencia del Estado encargada de vender pasaportes malteses a inversionistas extranjeros, Jonhatan Cardona (al precio de 880 mil euros cada uno).

En esas comunicaciones, Kalin proponía demandar ante tribunales británicos a la periodista –“para arruinarla económicamente”–, a un líder de la oposición y a tres medios de comunicación, con la finalidad de disuadirlos de no continuar con el escrutinio de las actividades opacas del despacho en Malta.

“Gracias Chris. Suena bien”, respondió el jefe de gabinete; “no me opongo”, contestó el primer ministro.

“A Caruana la atacó toda la clase dirigente. Es responsable de lo que ha sucedido. Los políticos generaron un clima de odio tan fuerte contra ella que ayudó a algunos a pasar al acto de manera cínica y escogiendo un método simbólico. Un coche-bomba es una forma de terrorismo: envió una señal que va más allá de Malta y de la UE”, concluye Gutiérrez.

*Este reportaje fue publicado en la edición del 19 de noviembre de 2017 de la revista PROCESO. Aquí puedes leer el texto original→.

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