Las trampas de Movistar

La "oferta" de Movistar en México
La “oferta” de Movistar en México

BRUSELAS (apro).- El acceso a Internet que ofrece en México la compañía española Telefónica en algunos paquetes de su subsidiaria Movistar, “vulnera” el llamado principio de “neutralidad de la red”, según el cual todo usuario puede conectarse sin restricciones a la totalidad de los servicios disponibles en la web, señala European Digital Rights (EDRi), una organización europea que protege los derechos civiles en el universo tecnológico.

Telefónica –la quinta multinacional de las telecomunicaciones más importante del mundo y que entre enero y septiembre de este año tuvo ingresos de casi 38 mil millones de euros– incurre en ese incumplimiento en el mercado mexicano al privilegiar en las oferta de Movistar la utilización de ciertas aplicaciones sobre otras. Para ello, además, se requiere efectuar un control del tráfico de datos que atenta contra la privacidad de sus clientes, según detalló EDRi a esta agencia.

[signoff]Artículo publicado el 6 de diciembre de 2014 en el suplemento Prisma Internacional de la Agencia PROCESO[/signoff]

La compañía de telefonía móvil Movistar propone tres opciones de acceso a la red con el nombre comercial de Combo Internet, en las que otorga un trato preferencial a las consideradas “aplicaciones favoritas”, que son dos redes sociales (Facebook y Twitter), un servicio de mensajería (Whatsapp) y tres empresas de correo electrónico (Yahoo! Mail, Hotmail y Gmail).

En dos de esos paquetes de acceso, el consumo de los servicios competidores se contabiliza dentro de otra “bolsa” que corresponde a la navegación en sí en Internet. Las tarifas varían según el tiempo (un mes o una semana) y la capacidad contratada (un gigabit o 500 megabits de “aplicaciones favoritas” y 100 o 20 megabits de “navegación en Internet”).

La opción más económica –de tres días y 250 megabits de disponibilidad–, únicamente incluye el disfrute de las “aplicaciones favoritas”, y cualquier acceso adicional a la red es facturado por separado y con base al volumen de capacidad consumida.

“La bolsa de aplicaciones aplica (sic) únicamente cuando el usuario se encuentre dentro de las aplicaciones mencionadas, cualquier acceso a ligas externas se contabilizará como consumo adicional. La bolsa adicional podrá ser (sic) para cualquier tipo de navegación”, especifica Movistar en su oferta, que anuncia en su portal de Internet y donde señala que será válida hasta el próximo 31 de diciembre.

Un día después, el 1 de enero de 2015, entrará en vigor la nueva Ley Federal de Telecomunicaciones, que en su capítulo VI, dedicado a la “neutralidad de las redes”, establece que “los concesionarios y los autorizados a comercializar que presten el servicio de acceso a Internet se abstendrán de obstruir, interferir, inspeccionar, filtrar o discriminar contenidos, aplicaciones o servicio”, y los obliga igualmente a preservar la privacidad de sus abonados.

Si bien quedó eliminada explícitamente la posibilidad de crear “ofertas diferenciadas” –como lo planteó el presidente Enrique Peña Nieto en su propuesta inicial, movilizando a la sociedad civil que se organizó en colectivos como Libre Internet para Todos–, persiste el temor de que la ley no impida que las empresas de Internet manejen con criterios de naturaleza comercial y no técnica la administración adecuada de sus redes, permitiéndoles ofrecer conexiones por categorías o distinciones de servicio como ya lo hace Movistar.

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Oferta discriminatoria

Consultada por Apro, una experta en la materia de la organización European Digital Rights (EDRi), Mayrant Fernández Pérez, revisó la oferta mexicana de Movistar, concluyendo que ésta “vulnera la neutralidad de la red, discriminando, en efecto, los servicios de los competidores”.

La especialista de EDRi explica a este corresponsal que Movistar está ofreciendo en México lo que se conoce como un “servicio especializado”, que abre en la red una lógica de preferencias de servicios, lo que es “una forma de restringir la libertad de los usuarios de transmitir y recibir información”.

Añade que tal servicio “no sólo es discriminatorio en relación a los competidores, sino que también vulnera la privacidad de los usuarios, ya que para ofrecer algo así, tiene que existir cierto tipo de control para saber cuándo usas o no esas aplicaciones (favoritas)”.

Contra ese esquema de explotación comercial de Internet, antidemocrático y ceñido a los intereses económicos de las compañías proveedoras del acceso, están luchando organizaciones internacionales como la de Fernández.

EDRi, con sede en Bruselas y creada en 2002, está compuesta por 34 organizaciones provenientes de 19 países. Junto con otras siete asociaciones, entre ellas Reporteros Sin Fronteras, La Quadrature du Net o Bits of Freedom, EDRi participa en la campaña europea Save the Internet (Salvemos Internet), que está exhortando a los gobiernos de los Estados miembros de la Unión Europea a abogar por un “Internet abierto” y proteger el principio de una red neutral cuando adopten la nueva Regulación sobre el Mercado Único de Telecomunicaciones, la cual está en vías de negociación.

Más aún, después de que en enero pasado un tribunal en Estados Unidos invalidó las normas diseñadas para tratar por igual a todo el tráfico de datos en Internet, por lo que la Comisión Federal de Comunicaciones de ese país propuso un nuevo marco legal que abre la posibilidad a la ejecución de un Internet “de dos velocidades”, a lo que el presidente Barack Obama reaccionó este 11 de noviembre llamando a proteger una red abierta.

En ese contexto, la campaña europea Salvemos Internet consta de cuatro demandas: todos los datos deben ser tratados por igual (es la única manera, se afirma, para garantizar que Internet se conserve como una plataforma abierta a la innovación y un mecanismo para fomentar, vigilar y apoyar los derechos humanos); la discriminación en la red debe ser ilegal, y los acuerdos contrarios a la competencia prohibirse, además de que no debe haber censura.

Fernández explica que la “neutralidad de la red es el principio que permite el funcionamiento de Internet”, ya que supone que todo usuario puede conectarse sin que haya restricción o limitación con cualquier otro punto en la red; es decir, que pueda crear, acceder o usar los contenidos, servicios o aplicaciones que elija sin que haya discriminación por razón del origen, destino o tipo de datos.

“O dicho de otro modo, la neutralidad de la red es lo que ha hecho que Internet sea lo que es hoy”, resume la investigadora de EDRi.

En su publicidad, Movistar presume que se trata de una “oferta única en el mercado” mexicano. En España, la compañía Tuenti, también propiedad de Telefónica, ofrece un servicio similar con sus propias aplicaciones de comunicación.

Enemigo de Internet

César Alierta, el presidente ejecutivo de Telefónica desde 2000, se ha declarado enemigo de una red abierta. El pasado 1 de septiembre, en un evento del sector en Santander, España, Alierta reclamó que el concepto de “neutralidad de la red” había sido “inventado por los que no tienen redes propias”, refiriéndose a los proveedores de contenidos. Bajo su punto de vista, la autoridad tiene que ser pareja “en toda la cadena de valor en Europa” y controlar y hacer pagar a empresas de servicios como Google o Facebook, que, acusó, no invierten, no pagan impuestos y no crean empleos, como sí lo hacen, advirtió, empresas operadoras como la suya.

El directivo español se quejó de que las proveedoras de contenidos no sean reguladas por las autoridades europeas, incluso si operan en esa región, y por eso concluyó que “están encantadas (con la neutralidad de la red), porque tienen acceso a todo y no pagan nada”.

Esa ocasión, Alierta exigió que se apliquen “las mismas reglas para todos los actores”, lo que derivaría en un Internet donde las empresas de contenidos como Whatsapp, Skype o Google tuvieran que pagar a los operadores como Telefónica para que sus productos no sean discriminados o desacelerados cuando un usuario se conecte a ellos.

En un encuentro anterior celebrado en Bilbao, España, el 8 de febrero de 2010, Alierta amenazó a los buscadores de Internet que tendrían que pagarle para brindar sus servicios, ya que, declaró, “la inteligencia está en la red y las redes son nuestras”.

En esa ocasión, Enrique Dans, profesor de sistemas informáticos de la IE Business School de Madrid y colaborador de diversos diarios españoles como El País o El Mundo, escribió en su blog: “Alierta ha manifestado su absoluto desprecio por el concepto más importante de Internet: la neutralidad de la red (…) La pretensión de Alierta de “cobrar a los motores de búsqueda” como si eso fuese posible sin desnaturalizar completamente la esencia de los que Internet es y representa solo puede explicarse recurriendo a la ignorancia, o a la estupidez”.

En un texto publicado el 4 de mayo último, también en su blog, Dans explica que, cuando la neutralidad de la red no es protegida, “las empresas de telecomunicaciones pasan a tener un incentivo para negociar con los proveedores de contenidos y ofrecerles, a cambio de un coste, una garantía de que la comunicación de sus bits recibirán prioridad”.

Observa cuatro consecuencias: “que quienes no pagan –startups, pequeñas empresas, bloggers o cualquiera que simplemente no pueda planteárselo—son relegados a una ‘internet de segunda’, que por pura lógica se va viendo progresivamente abandonada, frente a una oferta de contenidos de ‘primera’ que los usuarios pueden ver con calidad”.

La segunda, “que las operadoras pueden controlar cualquier servicio que pretenda competir con los suyos”, convirtiéndose “en auténticos ‘aduaneros’ que si ven pasar cualquier servicio que les interese, pueden ofrecerles prioridad a cambio de participación en sus beneficios”.

La tercera, que los proveedores de contenido que deciden hacer frente al pago ven como sus costes se incremental, y lógicamente, los repercuten en los usuarios, lo que conlleva un encarecimiento generalizado de los precios al cliente, acompañado de un empobrecimiento de la oferta”.

Finalmente, “que en una red en la que únicamente unos cuantos pueden emitir con calidad, el flujo de información es mucho más fácilmente controlable por una autoridad centralizada: es infinitamente más difícil controlar a una multitud de medios que emiten sus bits en igualdad de condiciones, que a unos pocos medios que tienen el privilegio de ‘pagar por su licencia’”, concluye Dans.

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