Juncker, el “padre de la austeridad”, presidirá la Comisión Europea

JunckerBRUSELAS (apro).- “Para mí, lo que hemos hecho desde el verano de 2011 (para resolver la crisis del euro) no lleva ciertamente la marca de un gobierno de Estado de alto nivel”, reconoció en 2012 Jean Claude Juncker, el entonces primer ministro de Luxemburgo y presidente del Eurogrupo (los países con la moneda única euro) en el documental alemán El efecto dominó: ¿el euro al borde del abismo?

*Artículo publicado el 18 de julio de 2014 en la sección Prisma Internacional de la Agencia PROCESO

En el mismo documental, transmitido el 17 de enero de 2012 por el canal franco-alemán Arte, Juncker asegura que en octubre de 2011, en plena crisis griega, él y otros dirigentes de la Unión Europea (UE) amenazaron a los bancos acreedores de la deuda de ese país que debían condonar al menos 50% de ella o simplemente la anularían y se quedarían sin nada.

En el mismo documental, Josef Ackermann, presidente del Instituto Internacional de Finanzas y negociador de los bancos, desmiente la versión de Juncker al afirmar que las instituciones acreedoras ya habían propuesto esa reducción, pero no quisieron corregir a los dirigentes europeos para permitir que los Estados miembros de la UE pudieran dar una imagen de coordinación ante la crisis.

Como sea, esa reducción de la deuda resultó contraproducente: como los bancos abandonaron por voluntad propia esa parte de la deuda, los seguros que la cubrían no se hicieron efectivos, así el riesgo de invertir en el país creció y los inversionistas se retiraron, explica el documental.

Durante años el gobierno griego manipuló sus estadísticas económicas para poder cumplir los requisitos de ingreso al grupo de países donde circula el euro. En el documental Juncker declara al respecto: “Durante años la Comisión Europea explicó a los ministros de Finanzas que la oficina de estadísticas de la UE, Eurostat, debía tener derecho a verificar la contabilidad de cada país para asegurar un control. Pero los ministros, y yo mismo, siempre lo rechazamos”.

Juncker, de 59 años y candidato del conservador Partido Popular Europeo (PPE), será el próximo presidente de la Comisión Europea, luego de que en un proceso de voto secreto, celebrado el martes 15, unos 422 de 751 diputados totales del Parlamento Europeo apoyaran su designación. Esta es la primera vez que el presidente de la Comisión Europea –la poderosa institución que propone leyes comunes a los Estados miembros y vigila su cumplimiento– es electo con base en los resultados de las elecciones europeas, en este caso las que tuvieron lugar en mayo pasado.

Juncker –candidato de la fuerza política vencedora, el PPE– entrará en funciones el 1 de noviembre próximo y sucederá en el cargo al portugués José Manuel Durao Barroso, proveniente del mismo grupo político de derecha.

 

El “último dinosaurio”

 

En contra de que Juncker ocupe el puesto votaron 250 eurodiputados. La principal recriminación que se le hace es su responsabilidad en la pésima gestión de la crisis del euro y en la instauración de severas políticas de austeridad que han empobrecido a los ciudadanos europeos, sobre todo aquellos de países más afectados por su endeudamiento como Grecia, España o Portugal.

A Juncker se le considera uno de los “padres” de los planes de austeridad. Él se defiende argumentando que tratar de resolver la crisis “fue como reparar un avión en llamas en pleno vuelo”; así lo planteó durante su comparecencia en la sesión del Parlamento Europeo que lo invistió.

Pedro Sánchez, el próximo presidente del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), señaló que Juncker “encarna” las políticas de Bruselas más repudiadas por la población y expresó su rechazo al candidato que fue parte del Eurogrupo “durante los años duros de la crisis económica”.

Los eurodiputados españoles de los partidos de izquierda, incluidos los socialistas, votaron contra Juncker, como también lo hicieron los laboristas británicos o los socialistas franceses, pero igualmente los eurolegisladores de partidos euroescépticos y de extrema derecha.

Juncker incluso dividió a la derecha europea. El exprimer ministro luxemburgués es considerado “el último dinosaurio de la construcción europea”. Miembro de sucesivos gobiernos de su país durante 31 años y nombrado primer ministro desde 1995, Juncker siempre ha defendido una posición federalista de la UE y fue uno de los creadores de la moneda única, por lo que recibió en 2006 el premio Carlomagno de la unificación europea. Esa visión despertó la férrea oposición a su candidatura del primer ministro británico David Cameron, quien lo considera un hombre anclado en el pasado y con ideas contrarias a los intereses de su país.

Pero también cuestionaba que Juncker no fuera investido directamente, como había sido hasta ahora, por los gobiernos nacionales representados en el Consejo de la UE.

Cameron había logrado el respaldo de sus homólogos de Suecia y Holanda, pero a principios de junio se le ocurrió lanzar la amenaza de que su país saldría de la UE en un referendo en 2017 si Juncker era elegido. Lo único que consiguió fue que la canciller alemana Angela Merkel le respondiera que ella no aceptaba tales amenazas y que públicamente apoyara a Juncker, lo cual no había querido hacer antes por guardar sus propias dudas. Al final, Cameron sólo fue apoyado por el autoritario primer ministro húngaro, Viktor Orban.

La revista británica The Economist escribió en su edición del 28 de junio que Cameron “peleó una batalla justa con tácticas equivocadas”, ya que “convirtió una cuestión de principio en un ataque personal”.

El próximo presidente de la Comisión Europea ha dicho que, para él, “Europa es una mezcla de acciones concretas que realizar y convicciones fuertes, casi fervientes”, pero que “las convicciones fuertes no aportan nada sin pragmatismo”. No es extraño entonces que Juncker niegue que Luxemburgo sea un paraíso fiscal y se ha opuesto a las medidas de la UE contra el secreto bancario.

 

Franco, pero mentiroso

 

Su inigualable franqueza ha hecho de Juncker un personaje de antología. El sitio de noticias EUObserver recuerda que en un debate en 2011 en Bruselas él admitió que estaba a favor de los “debates secretos” y consideró como “ingenuos” los llamados a que las reuniones del Eurogrupo fueran transparentes.

También reconoció que con frecuencia mentía a los periodistas sobre el contenido de las reuniones confidenciales que se tenían para intentar resolver la crisis del euro. Ello para que los mercados no afectaran más a los países al borde de la bancarrota, dijo.

Es más, relató que en una ocasión los periodistas le preguntaron si acudiría a una reunión en París el siguiente fin de semana. “Dije que no. Tuve que mentir. Soy un demócrata-cristiano, un católico, por lo que cuando las cosas se ponen serias tenemos que mentir. Lo mismo se aplica a la política económica y política de la Unión. Soy muy serio al respecto”, declaró Juncker, rememora el citado portal.

Y agregó en ese debate: “Estoy listo para ser insultado por ser insuficientemente democrático, pero quiero ser serio”.

La prensa europea también se ha dado vuelo apuntando que Juncker es un fuerte bebedor (su bebida favorita es el coñac) y fumador empedernido. Así lo dijo su sucesor en la presidencia del Eurogrupo, el ministro holandés de Finanzas Jeroen Dijsselbloem. La prensa británica considera que Juncker está imposibilitado para el puesto por su problema con el alcohol.

En el libro Bancarrota: cómo Fortis sacudió a Bélgica –en el que tres periodistas belgas narran las duras negociaciones que sostuvieron los gobiernos de Holanda, Bélgica y Luxemburgo en la venta de Fortis Bank— se incluye un episodio, ocurrido el 3 de octubre de 2008, en el que Juncker se une a la mesa de discusiones y lo primero que hace es prender un cigarro que molesta a los presentes. Eran las 4:30 de la madrugada.

A pesar de todo, una de las cualidades que más se le reconocen a Juncker es su capacidad de negociación y su alta calidad como diplomático.

Juncker es hijo de un sindicalista y trabajador metalúrgico que fue enrolado por la fuerza al Ejército nazi. En la prensa europea ha sido recordada aquella declaración que hiciera el exlíder del mayo del 68 francés y exdiputado verde Daniel Cohn-Bendit respecto del posicionamiento ideológico de Juncker: “Es el cristiano-demócrata más socialista que existe”.

Salvo un corto periodo, la mayor parte gobernó en coalición con los socialistas.

Fueron precisamente los socialistas de su país que lo obligaron a presentar su renuncia como primer ministro el 11 de julio de 2013 y convocar a nuevas elecciones, como resultado de un escándalo de espionaje que reveló una televisora local el 19 de noviembre de 2012.

Resulta que en 2008, Marco Mille, el jefe de la inteligencia de Luxemburgo (SREL, por sus siglas francesas), había grabado secretamente, con un dispositivo miniatura instalado en su reloj, una conversación con Juncker. En ella se menciona que el gran duque Enrique de Luxemburgo mantenía vínculos con el M16, el servicio británico de inteligencia exterior.

En esa conversación, publicada por el diario Letzerbuerger Land el 30 de noviembre de 2012, Mille decía que la casa real buscaba espiar a personal y miembros del gobierno en los que no confiaba y sin conocimiento del SREL, ya que temían que el primer ministro fuera blanco de sus ataques. En la misma conversación se evoca al testigo que habría visto al príncipe Jean en el aeropuerto de Luxemburgo poco antes de uno de los bombazos que sacudieron al ducado en los años ochenta.

Una comisión de investigación parlamentaria concluyó que la SREL había realizado por lo menos siete actuaciones ilegales de escuchas telefónicas entre 2007 y 2009, y efectuado operaciones encubiertas en Libia, Cuba e Irak sin que Juncker se enterara, según él mismo ha declarado en su defensa. La comisión concluyó que él tenía responsabilidad política sobre las actividades del SREL y lo acusó de haber sido ineficiente en su control.

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